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Tipos de sistemas de refrigeración según la capacidad de tu cámara frigorífica

  • Foto del escritor: Rubén Magro
    Rubén Magro
  • 15 abr
  • 3 Min. de lectura

La elección del sistema de refrigeración correcto depende directamente de la capacidad y uso de tu cámara frigorífica. No es lo mismo refrigerar una pequeña tienda que una nave industrial de 500 m². Cada tamaño requiere un enfoque técnico específico que optimice el rendimiento, minimice el consumo energético y facilite el mantenimiento. A continuación te explicamos los tres tipos principales según el volumen de tu instalación.


Sistemas monoblock para cámaras pequeñas (hasta 20 m³)


Cuando hablas de cámaras frigoríficas pequeñas estás pensando en negocios como tiendas de barrio, pequeños restaurantes, obradores o incluso instalaciones particulares. Aquí el sistema monoblock es la solución más práctica y económica. Se trata de una unidad compacta que integra el compresor, el evaporador y el condensador en un solo equipo que se monta normalmente en la pared exterior de la cámara.


La instalación mucho más sencilla que la de las siguientes opciones y está recomendado para cámaras frigoríficas de hasta 20 m³ manteniendo temperaturas desde +8°C para refrigeración positiva hasta -20°C para congelación ligera. Si tienes poco presupuesto y espacio, esta es tu cámara, aunque tienes que tener en cuenta que no son las mejores para cargas de trabajo muy intensas, con un gran número de aperturas de puertas.


Sistemas semicompactos para cámaras medianas (20-200 m³)


Para negocios medianos como carnicerías bien establecidas, pescaderías con buena rotación, restaurantes medianos o pequeños supermercados que necesiten cámaras frigoríficas de entre 20 a 200 m³, necesitas un sistema semicompacto o partido, que separa el evaporador (que va dentro de la cámara) del compresor y condensador (que se instalan fuera).


Esta configuración permite potencias más altas y un control más preciso de la temperatura y humedad. La separación de componentes también mejora la eficiencia porque el calor generado por el compresor sale directamente al exterior sin afectar la cámara. Es la opción perfecta cuando tienes cargas variables durante el día o necesitas mantener diferentes zonas de temperatura dentro de la misma cámara.


Sistemas centralizados para cámaras grandes e industriales (>200 m³)


Dentro del sector industrial, solemos necesitar cámaras frigoríficas de más de 200 m³. Nos referimos a supermercados, mayoristas, industria alimentaria, logística de frío o naves de distribución. Aquí la solución son los sistemas centralizados, donde una potente máquina frigorífica situada en sala técnica alimenta varios evaporadores a través de tuberías de refrigerante.


Estos sistemas manejan potencias superiores a 20 kW y pueden llegar a temperaturas de ultracongelación (-40°C). Su gran ventaja es la escalabilidad: puedes alimentar cámaras múltiples o añadir evaporadores nuevos sin cambiar la máquina principal. También incorporan controles avanzados con PLC, sondas de temperatura múltiples y sistemas de monitorización remota 24/7.


¿Cómo elegir según tu caso concreto?


Cómo habrás podido comprobar la regla general es clara: todo dependerá del espacio disponible y la necesidad de almacenaje. Pero también influyen otros factores como la frecuencia de aperturas de puerta, el tipo de producto que conservas y las horas de funcionamiento diarias.


Por ejemplo, un obrador que recibe pescado fresco a diario, pero tiene cámara pequeña podría necesitar un semicompacto en lugar de monoblock por las cargas térmicas altas. O un supermercado mediano podría optar por centralizado si prevé ampliaciones futuras.


La importancia de dimensionar correctamente

Subdimensionar el sistema significa que tu cámara nunca alcanzará la temperatura deseada y los productos se echarán a perder. Sobredimensionar dispara el consumo eléctrico inútilmente. Por eso siempre recomendamos un cálculo profesional de la carga térmica que tenga en cuenta el volumen real, las infiltraciones por aperturas de puerta, la carga de los productos entrantes y las pérdidas por conducción de las paredes.


Elegir el sistema adecuado según la capacidad no es una cuestión de precio, sino de profesionalidad y rentabilidad a largo plazo.


 
 
 

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